Hay coches en una colección que se admiran por su belleza o por su rareza. Y hay unos pocos que se conservan porque cargan con una historia que estuvo a punto de desaparecer por completo. El Ihle es uno de esos: una carrocería deportiva hecha a mano sobre el primerísimo BMW de la historia, construida por dos hermanos muy jóvenes en una ciudad de Baden cuyo archivo entero fue borrado por la guerra. Para entender el coche, primero hay que conocer a los hermanos Ihle.
Dos jóvenes maestros en Bruchsal
Bruchsal es una ciudad industrial del Baden, no lejos de Karlsruhe. De ahí salieron Rudolf y Friedrich —Fritz— Ihle, dos hermanos que tenían el oficio en la sangre: su padre era maquinista de locomotora, y ellos se formaron en un taller de reparación de motocicletas y bicicletas en la Kaiserstraße de la ciudad. Ambos llegaron a maestros del automóvil, y hacia 1930 se establecieron por su cuenta. Friedrich, el mayor, tenía entonces apenas 26 años. Rudolf, el pequeño, terminaría obteniendo su título de maestría en 1935, aunque para entonces ya codirigía el negocio desde hacía años.
Era una empresa joven, dirigida por gente joven, fundada —según anunciaban ellos mismos— en 1930. Pronto el taller de la Kaiserstraße se quedó pequeño y se trasladaron a la Styrumstraße. El crecimiento no paró ahí.
De taller mecánico a carrocería
Al principio, los Ihle hacían de todo. Llegaron a montar una "sección mecánica" donde fabricaban máquinas exigentes —imprentas, copiadoras, enceradoras de suelos, despegadoras de papel pintado, piezas para fabricantes de maquinaria, incluso máquinas para procesar tarjetas perforadas—. Pero su ambición era otra: construir coches pequeños y deportivos.
Así que a partir de 1935 dieron el giro definitivo. Abandonaron poco a poco la mecánica general y se dedicaron en exclusiva a una sola cosa: fabricar carrocerías. Era una apuesta de foco —dejar lo seguro y variado por una especialidad difícil— muy en la línea de lo que hace grande a un taller.
El método: todo a mano, todo en metal
Lo que hace especiales a los Ihle no es solo lo que construían, sino cómo. No tenían prensas para las piezas de carrocería: las chapas se "batían" a mano sobre formas, golpe a golpe. Soldadura autógena, mucho remache, y una decisión poco habitual para la época: prescindir por completo de la madera en la estructura: carrocerías íntegramente metálicas, cuando lo normal era construir sobre armazón de madera.
Y los dos hermanos lo hacían todo: eran a la vez los que tenían las ideas, los diseñadores, los constructores, los maestros mecánicos y los jefes. Con el tiempo refinaron su sello: bajaban el lateral de la carrocería unos quince centímetros y doblaban el borde inferior, de modo que el chasis y el escape quedaban ocultos y el coche adquiría esa silueta baja y deportiva que los distinguía. Antes de la guerra, entre 60 y 70 personas trabajaban en sus talleres.
Sobre el primer BMW de la historia
¿Sobre qué construían? Sobre el chasis del Dixi, que es tanto como decir sobre el primer BMW. El Dixi DA1 —el 3/15— fue el coche con el que BMW entró en el automóvil al adquirir la fábrica de Eisenach en 1928: una versión bajo licencia del célebre Austin Seven británico, y el cimiento del que salió todo lo demás.
Las primeras creaciones de los Ihle se vendían todavía como "Dixi" o "BMW"; más tarde pasaron a llevar el nombre propio de la casa, "Gebrüder Ihle". De ahí salieron sus modelos más conocidos, el Ihle 600 y el Ihle 800: pequeños deportivos artesanales sobre la base que había puesto a BMW en marcha. Tener un Ihle es, por tanto, tener un capítulo de los orígenes mismos de la marca —algo que conecta directamente con los BMW que marcaron su historia—.
La guerra que lo borró todo
La historia de los Ihle tiene un final abrupto y duro. Como todos los fabricantes alemanes, al estallar la guerra la firma quedó integrada por completo en el programa armamentístico, y entre 1939 y 1945 no salió de sus talleres ni un solo coche para clientes particulares —ni uno solo de sus deportivos—.
El golpe fue doble. Fritz, el menor de los hermanos, perdió la vida al final de la contienda. Y Bruchsal, ciudad industrial, fue objetivo de los bombardeos: el 1 de marzo de 1945, un ataque final arrasó el casco histórico, murieron más de mil vecinos y la ciudad ardió. Con ella se quemaron los talleres de los Ihle y, con ellos, todos sus documentos. Por eso hoy apenas queda nada de aquella empresa innovadora: solo recuerdos y unas pocas fotografías. La historia estuvo, literalmente, a punto de desaparecer.
Después: de coches deportivos a coches de feria
Tras la guerra, los coches deportivos no interesaban a nadie. Rudolf, que antes del conflicto había tenido tratos con los acróbatas de las pistas de la muerte y con el mundo de las ferias, retomó aquellos contactos y reinventó el negocio una vez más. Los Ihle empezaron a fabricar Autoskooter —los coches de choque eléctricos de los recintos feriales, y también versiones de gasolina—. El negocio funcionó, y para la familia empezó una época nueva. De los deportivos artesanales a la alegría de las ferias: la misma maestría metálica, otro destino.
El Ihle en Road Legacy
Conservar un Ihle no es conservar un coche cualquiera. Es conservar a la vez tres cosas: un fragmento de los orígenes de BMW, una muestra de un oficio —la carrocería batida a mano, sin madera— que casi nadie practica ya, y, sobre todo, una historia que la guerra borró de los archivos y que sobrevive en muy pocas piezas como esta.
Es, en el fondo, la mejor definición de lo que entendemos por legado: no la nostalgia de un coche viejo, sino el rescate de una memoria que de otro modo se habría perdido. Por eso este coche tiene su sitio en una colección que no guarda chapa, sino historias que se ponen a trabajar. Puedes verlo, junto al resto, recorriendo la colección.
Los hermanos Ihle fueron dos jóvenes que, a fuerza de martillo y talento, convirtieron el primer BMW en pequeños deportivos irrepetibles —y a quienes la historia estuvo a punto de olvidar—. Este coche existe para que no ocurra.
Fuentes históricas: Dixi Interessengemeinschaft (dixi-ig.de), texto e investigación de Gottfried Müller.
ESCRITO POR
Road Legacy
Equipo Road Legacy · Sant Cugat del Vallès




